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8 de marzo. Día de la Mujer. Más consideraciones

Actualizado: 15 mar

9 de marzo de 2022


En fechas próximas al 8 de marzo de hace exactamente 2 años, (2020) todavía no sabíamos que todo el planeta iba a sufrir una sacudida de la que aún no nos hemos recuperado y aún no está claro cómo terminará, si es que termina. Me refiero obviamente a la COVID19, que desbarató todo lo que pudo y más, se llevó por medio unos 2.000.000 de almas en todo el mundo, además de cambiar radicalmente nuestra forma sociocultural de vida.


Sin embargo, hoy día de la mujer, escribo estas líneas para recordad dos aspectos que por su importancia y su influencia en la mujer no se deben de olvidar. De hecho, me parecería una frivolidad en un día como el señalado, no remarcar situaciones que estamos viviendo en estos momentos, aunque no con la intensidad que lo viven otras mujeres:


Me refiero en primer lugar a las circunstancias de las mujeres en otros sitios del planeta, y que no son noticia de última hora porque no procuran audiencia, las tertulias no lo mencionan y claro, ya se sabe que lo que se cuenta no existe. Bueno, pues en el dia de la mujer quero mencionar a esas mujeres que realmente estan sufriendo, situaciones límite, como una guerra en el caso mujeres ucranianas, una violencia extrema como en el caso de las mujeres afganas, o una desprotección total como en muchos países de America Latina.


En todas las culturas las mujeres cumplen un importante papel dentro de la estructura familiar. Cuando los hombres de la familia parten al combate, o están detenidos, desaparecidos, fallecidos, escondidos, desplazados o en el exilio, las mujeres adquieren muchísimas más responsabilidades.


Ver el documento:.file:///C:/Users/Usuario/Documents/Dialnet-LaIntegracionDeLaPerspectivaDeGeneroEnElAnalisisDe-4055800_2%20(1).pdf



Como atestigua ACNUR, “mujeres y niños constituyen el grueso de la población de desplazados y refugiados del mundo. Las mujeres sufren en muy alto grado los efectos directos o indirectos del combate y soportan bombardeos y ataques indiscriminados a sus poblados. Se ven obligadas a restringir sus movimientos, lo que limita gravemente su acceso al suministro de agua, alimentos o asistencia médica. Con frecuencia se ven abocadas a situaciones difíciles y sometidas a amenazas en contra de su seguridad y la de sus hijos. Todo ello aumenta el riesgo de sufrir abusos, entre ellos el de la violencia sexual que, en ocasiones, se sucede de forma sistemática sobre un elevadísimo número de mujeres de todas las edades…….

…. Ataques sistemáticos contra la población femenina de todas las edades se han producido, además, en todas las etapas de la historia y en todos los continentes. Es un fenómeno global, y con un efecto absolutamente devastador, no ya sobre las víctimas sino sobre toda su comunidad. A pesar de ello, este tipo de violencia históricamente ha sido minimizado como un efecto lamentable, pero inevitable, de la guerra. Una fatalidad atribuida al deseo sexual irrefrenable de los combatientes, obligados a pasar largos períodos de tiempo sin mujeres y alejados por la propia lógica de la guerra de las sanciones sociales ordinarias que repudian la violación. Eso si no ha sido completamente ignorado. Los abusos sexuales incluyen no sólo la violación, sino la esclavitud sexual, la prostitución forzada, la esterilización forzada, la mutilación genital……

Por tanto nos parece imprescindible recodar a esas mujeres tan próximas a nosotros como son las de Ucrania, por su valentía y desear que acabe pronto esta pesadilla que nunca tuvo que comenzar.


Mujeres afganas


Desde la salida de Estados Unidos de Afganistan, en agosto de 2021, los talibanes han ido recuperando de nuevo el poder en la misma medida que los derechos de las mujeres han sido masacrados, pisoteados y de nuevo se encuentran como hace 20 años cuando los empezaron a recuperar, con sangre sudor y lágrimas como dijo el ministro hace ya tiempo.




Las mujeres deben seguir viendo el mundo a través de su enrejado llamado burka, donde las mujeres y las niñas son forzadas a casarse con soldados talibanes, que obligan a hacer un recuento de las mujeres solteras para asegurarlo, donde las mujeres no pueden salir de casa sin la presencia de un familiar masculino que las acompañen y donde ya tampoco pueden ier a la universidad o a trabajar.


Tuvieron derecho a la educación, pudieron ser integradas en los ámbitos laborales y políticos y se les permitió el derecho a no usar el velo al salir de casa. Estos pasados veinte años, millones de niñas han podido volver a tener educación y a volver a la escuela sin miedo a represalias, y las mujeres han podido volver a tener roles esenciales en la sociedad del país


Mujeres en Latino América


La situación es desastrosa. En países como Guatemala, la vilencia física, sexual y patrimonial en el ámbito familiar es enorme, y son muy habituales los suicidios de mujeres por verse continuamente sometidas a esta violencia


El Estado no asume que las mujeres tengan una vida libre de violencia. No existen delitos tipificados para la violencia contra la mjer, es decir pueden hacer lo que quierean como quieran y cuando quieran. Es así de espeluznante


El promedio ponderado de mujeres sin ingresos propios para América Latina en el 2017 fue de 28.1% mientras que el indicador equivalente para los hombres fue de 13.2%. En El Salvador, esta cifra se sitúa en 41.6% y en Guatemala esta asciende al 51%3 (CEPAL 2019).


Algunos ejemplos


En Guatemala, por ejemplo, las llamadas de auxilio a la línea de asistenciade la Policía Nacional Civil por violencia intrafamiliar realizadas en mayo incrementaron en un 43% con respecto a las llamadas del mismo mes en el 20195


En Colombia, según el Observatorio Colombiano de las Mujeres, se estima que la cifra de denuncias por violencia familiar ha aumentado en 162%6


En México, la Fiscalía Especializada en Feminicidios y Delitos Contra la Mujer del estado de Nuevo León reportó un aumento de más del 35% de denuncias de violencia intrafamiliar

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En Brasil, la cifra ha aumentado en 50% según el Fuero de Violencia Doméstica del Tribunal de Justicia de Rio de Janeiro


Las mujeres en contextos rurales, particularmente las mujeres jóvenes, están más expuestas a ser víctimas de violencia, pero bajo desventajas mayores por tener que desplazarse largas distancias para encontrar a un familiar o un centro de atención, o tener menor acceso a dispositivos móviles o internet para hacer denuncias.


El cambio climático y la mujer


Todos tenemos muy claro, aunque por fortuna no hayamos vivido aún esta situación, que en zonas donde no hay agua, son las mujeres la que van a por ella, son las que gestionan todo lo relacionado con la alimentación, las que se encargan de sembrar los alimentos que luego comerán y las que también se encargan del ganado. En una palabra, lo hacen casi todo. Es evidente que una situación así, no afecta igual a hombre que a la mujer.




Segun el documento Género, Cambio Climático y Salud editado por la Organización Mundial de la Salud, los programas de preparación y respuesta ante el cambio climático deben tener en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres en lo que respecta a la atención sanitaria (incluso en el ámbito mental) y la conducta a la hora de acudir a los servicios de salud.


De acuerdo con el Informe sobre el Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2007/200827, el cambio climático probablemente aumenta los modelos actuales de desventaja de género. Adicionalmente, esto retrasa el progreso hacia la igualdad de género y dificulta los esfuerzos para alcanzar metas más altas como la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible. Sin embargo, los diferentes roles sociales de las mujeres también llevan a contribuir menos al cambio climático, dado que las mujeres tienen habilidades y conocimientos específicos sobre los recursos naturales y su gestión. Ésta subestimada fuente de pericia debe ser reconocida y destacadaen el debate sobre el cambio climático, con el fin de encontrar soluciones adecuadas para abordar los desafíos impuestos.


Las estrategias de adaptación han de tener en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres en lo que respecta a la capacidad, el poder, la resiliencia social, la vulnerabilidad y los recursos, dado que las normas, las funciones y las relaciones que se asignan a cada género pueden posibilitar o restringir la capacidad de adaptación.


El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático reconoce que los desastres afectan a los hombres y a las mujeres de manera diferente a distintos niveles, en particular en el plano económico, social y psicológico, así como en lo que respecta a la exposición al riesgo y la percepción de este. Sin embargo, sigue habiendo una falta general de estudios de investigación sobre las diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a la vulnerabilidad ante el cambio climático y sus efectos, en especial en lo que atañe a la salud.



En la mayoría de los países en desarrollo, las mujeres están intrínsecamente ligadas al agua. Son ellas quienes se encargan de recoger, almacenar, proteger y distribuir el agua. Los largos viajes a pie hasta los pozos cercanos, acarreando pesados recipientes con agua, no solo produce agotamiento en la mujer y daña sus huesos, sino que además tiene un costo en términos de oportunidad, pues podrían emplear ese tiempo productivamente yendo a la escuela o a trabajar.


Cuando hay escasez de agua, las mujeres no tienen más remedio que llevar a sus casas agua procedente de fuentes de agua no potable, incluso de arroyos y lagunas que pueden estar contaminados. Ello puede ocasionar enfermedades de transmisión hídrica, como enfermedades diarreicas, que en los países en desarrollo son la principal causa de mortalidad entre los niños menores de cinco años (OMS y UNICEF, 2005). Por otra parte, cuando escasea el agua, los hábitos de higiene suelen sacrificarse en favor de necesidades más urgentes como beber y cocinar. La falta de higiene puede dar lugar a enfermedades como el tracoma y la sarna, también conocidas como “enfermedades debidas a la falta de higiene” (WaterAid, 2007). Prácticamente la mitad de las personas que viven en ciudades de África, Asia y América Latina son víctimas de esta situación.










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